No mires nunca de donde vienes sino a donde vas”. Al escribir esta frase, el poeta francés Pierre Augustin de Beaumarchais quizá pensó en el universo inmigratorio que desde hace siglos se ha hecho presente en todos los rincones de la tierra. Inmersos en el siglo XXI, esta sabia premisa podría ser el mejor consejo para las miles de personas procedentes de Latinoamérica que llegan al Reino Unido en busca de un futuro más próspero. Este es el ejemplode Julián Valderrama, un testimonio entre un millón, por decirlo de alguna manera, que muestra la tenacidad y el coraje que tienen los inmigrantes de la región latina.
Julián, de 22 años, lleva apenas 3 meses de haber llegado a Londres, éste es su primer viaje al exterior y todo resulta nuevo para él, uno de los tantos jóvenes que llega a la ciudad a reforzar su inglés, como respuesta a una sociedad que exige manejar al menos una lengua fuera de la nativa. Julián vino con unas metas trazadas que hasta el momento ha cumplido satisfactoriamente.
“Aspiro acabar mi carrera y presentarme a un convenio que tiene mi universidad en un programa que se llama “Universidad Empresa”, pero las personas que apliquen a este programa deben hablar inglés, entonces me vine antes de acabar mis estudios como Ingeniero Industrial con el fin de poder obtener un mejor trabajo en el futuro”, dice entusiasmado.
Decidió venir a Londres porque un amigo suyo estaba en esta ciudad. También, porque considera que el inglés de Reino Unido es más puro que el americano y porque su hermana había aplicado a la visa de Cánada, pero se la habían negado. Por estas razones, Julián terminó en el país.
El proceso de la obtención de la visa fue muy sencillo, cumplió con los requisitos exigidos por la Embajada y obtuvo su documento gracias a la ayuda financiera de sus padres.
A diferencia de lo que muchas personas piensan al aventurarse en el exterior, Julián esperaba lo peor de Londres. “Yo sabía que iba a ser muy difícil por comentarios de personas allegadas y por los que hacían muchas personas en Internet. Todos me decían que la situación de un colombiano en Londres era compleja por muchos factores que hacían de la estadía de nosotros algo muy complicado y estresante”, comenta.
Sin embargo, “a la vez tenía la versión de mi amigo que contó con mucha suerte y no tuvo un solo inconveniente, por ejemplo el consiguió: casa y trabajo casi al instante de pisar suelo Inglés”, sentencia.
Cada uno, a la medida de sus posibilidades y de su suerte, sufre más o menos en Londres. Es un país que en la actualidad no es tan costoso respecto a Colombia pero cuya cultura resulta chocante debido al contraste con los estilos de vida del continente suramericano.
A pesar de esto Julián llegó a Londres con miles de proyectos y con dinero para un mes de manutención en “el país del sándwich con jugo”. Una vez desembarcado del avión, con un nivel básico de inglés, venía lo más difícil: conseguir un empleo bueno que le permitiera aspirar a cargos realmente rentables y que, de paso, le diera un lugar donde vivir bueno, bonito y barato, como dicen en su tierra.
“Inicialmente llegué a la casa de un amigo, donde me quedé 15 días porque el dueño de la casa me echó, pues se dio cuenta que yo estaba allá y me sacó. Menos mal ahí mismo conseguí un lugar donde vivir un mes, y luego otro, el mismo en donde estoy viviendo actualmente y donde me voy a quedar hasta el día que me vaya de Londres”.
Julián vive como suelen hacerlo muchos de los ciudadanos de Londres: en una casa de estilo victoriano que incluye varios apartamentos, uno de los cuales ocupa con un amigo que llegó hace un mes y con una pareja que lleva varios años viviendo en Londres. Esta es una situación por la que no sólo pasan los inmigrantes sino que es común entre los mismos ingleses, que prefieren compartir un apartamento por razones de economía. No es tan fácil llegar a ser propietario de un inmueble, debido a los altos costos por metro cuadrado, los impuestos y servicios que implican.
Sin embargo, esto no es lo realmente difícil de asimilar en este país. Tal vez, el sentimiento más compartido entre los colombianos es el de la familiaridad. Generalmente, las personas que salen de la Nación cafetera han aprendido a compartir con la familia y por lo general, no andan solos en el mundo.
En ese sentido, el cambio al llegar a Londres es algo complicado, pues aquí todo lo debe hacer uno mismo, sepa o no el idioma, y el caso de Julián no es la excepción ya que como él mismo afirma: “soy una persona muy familiar”.
“Afortunadamente, desde que he estado acá, no me ha ocurrido nada grave y con el trabajo que tengo ahora estoy muy feliz: hago deporte, conozco la verdadera cara de Londres y aprendo inglés. Tengo que decir que la gente es un poco alocada y divertida a la vez y que lo más importante es que estoy aquí para aprender el idioma, la cultura y porque no, a ser tolerante.
“¡Tengo tantas anécdotas que nunca olvidaré! En mi primera carrera unas españolas me dieron la propina con besos. Yo no sé, pero en este trabajo a uno le toman muchas fotos y creo que somos un atractivo turístico para la gente. Las propinas me las dan en besos y muchas veces las mujeres son hasta pesadas. No sé, debe ser sexy ver a un hombre cuyo trabajo es hacer ejercicio. Recuerdo también otro día que estaba trabajando sobre una calle que se llama Cambridge Circus y de repente vi a un grupo
de orientales sobre el techo de un baño. Eso me dejó atónito.
“En uno de los primeros días de mi trabajo con la bicicleta estaba con un amigo esperando pasajeros a las afueras de un teatro cuando se me subieron unos alemanes enormes.Yo no podía avanzar porque pesaban mucho. Como ellos estaban un poco tomados, empezaron a decir que marchara más rápido y al final uno de ellos me dijo que él era futbolista y que por esa razón, tenía piernas más fuertes que yo. Me cogió por la espalda y me sacó de la bicicleta. Estaba muy asustado y no me despegué del todo de la bicicleta porque el individuo estaba borracho y no calculaba que la parte de atrás era mucho más ancha y podía ocasionar un accidente.
“No sé por qué razón me dio por mirar hacia atrás y me di cuenta que iba a colisionar con un taxi por lo cual mi reacción fue la de sacar el pie y ponerlo entre la cicla y el carro, con el fin de que amortiguara el golpe. Así fue. Sin embargo el taxista se puso muy bravo y se bajó del carro para pelear, aunque al final
los muchachos me ayudaron a calmarlo. Los alemanes me dieron una buena propina al final de todo el trayecto. Sin embargo, el miedo fue impresionante.
“En este trabajo también suelen ocurrir situaciones inesperadas. Por ejemplo un día tuve la oportunidad de ver a Michael Jackson a unos pocos metros de mí, cuando él se encontraba viendo una obra de teatro y salía del recinto. Eso fue muy emocionante porque uno no se puede imaginar que va a ver por ahí en la calle a una persona así. También he visto en repetidas ocasiones a Rowan Atkinson (Mr. Bean) y colgué una foto con él en facebook.
“Otra situación curiosa que no se presenta diariamente es que por llevar clientes a shows de striptease, nos pagan una comisión. A mí me dijeron el día que empecé, que
estas carreras no se presentaban diariamente pero al segundo día de comenzar me salió un servicio de este tipo y me gané 10 libras por cada uno. Al otro día me salió otra carrera pero ya había averiguado que podía ganar más y saqué 75 libras por tres personas.
“Cabe destacar que más o menos el 70 por ciento de los que trabajan en esto son colombianos, lo que hace que el nivel de recursos que nos caracteriza sea totalmente
aprovechado a la hora de hacer parte de este negocio. Es más, hay varios colombianos dueños de estas ciclas que nosotros alquilamos. Entre todos nos tratamos de ayudar
aunque ahora está subiendo de forma impresionante el número de rickshaws. No sé si habrá un cupo limitado pero yo creo que vamos para una sobreoferta de este servicio.
“Yo tengo bien claro lo que vine a hacer y hasta el momento he llevado a cabo mis proyectos: he aprendido inglés, he trabajado y he ahorrado alguna plata para poder viajar, que es otro de mis deseos. Aunque tuve un inconveniente con la obtención de mi visa y no voy a poder ir por Europa, tengo mi plan B que es por ejemplo viajar a India o hacer un safari por África. Aún hay posibilidades para viajar pues me quedan cuatro meses acá y puedo ahorrar. Vivir en Londres es muy costoso pero con los trabajos que he realizado puedo pagar mis cosas básicas y ahorrar un poco de dinero extra. Por una parte, el “cleaner” me da para pagar la renta y el transporte y por otro lado la bicicleta me da para pagar comida, celular y ahorrar.
“Londres me ha gustado y ha llenado mis expectativas pero aún tengo cosas por terminar en Colombia, como mi carrera. En un futuro quisiera volver pero ya en otras condiciones y como profesional. Me gustaría realizar un master o un diplomado relacionado con mi profesión. Aquí acaba mi historia, nos vemos aquí en Londres, en Colombia o quién sabe si en la India.Un saludo".
Claudia Liliana Ruiz Suárez.
Julián, de 22 años, lleva apenas 3 meses de haber llegado a Londres, éste es su primer viaje al exterior y todo resulta nuevo para él, uno de los tantos jóvenes que llega a la ciudad a reforzar su inglés, como respuesta a una sociedad que exige manejar al menos una lengua fuera de la nativa. Julián vino con unas metas trazadas que hasta el momento ha cumplido satisfactoriamente.
“Aspiro acabar mi carrera y presentarme a un convenio que tiene mi universidad en un programa que se llama “Universidad Empresa”, pero las personas que apliquen a este programa deben hablar inglés, entonces me vine antes de acabar mis estudios como Ingeniero Industrial con el fin de poder obtener un mejor trabajo en el futuro”, dice entusiasmado.
Decidió venir a Londres porque un amigo suyo estaba en esta ciudad. También, porque considera que el inglés de Reino Unido es más puro que el americano y porque su hermana había aplicado a la visa de Cánada, pero se la habían negado. Por estas razones, Julián terminó en el país.
El proceso de la obtención de la visa fue muy sencillo, cumplió con los requisitos exigidos por la Embajada y obtuvo su documento gracias a la ayuda financiera de sus padres.
A diferencia de lo que muchas personas piensan al aventurarse en el exterior, Julián esperaba lo peor de Londres. “Yo sabía que iba a ser muy difícil por comentarios de personas allegadas y por los que hacían muchas personas en Internet. Todos me decían que la situación de un colombiano en Londres era compleja por muchos factores que hacían de la estadía de nosotros algo muy complicado y estresante”, comenta.
Sin embargo, “a la vez tenía la versión de mi amigo que contó con mucha suerte y no tuvo un solo inconveniente, por ejemplo el consiguió: casa y trabajo casi al instante de pisar suelo Inglés”, sentencia.
Cada uno, a la medida de sus posibilidades y de su suerte, sufre más o menos en Londres. Es un país que en la actualidad no es tan costoso respecto a Colombia pero cuya cultura resulta chocante debido al contraste con los estilos de vida del continente suramericano.
A pesar de esto Julián llegó a Londres con miles de proyectos y con dinero para un mes de manutención en “el país del sándwich con jugo”. Una vez desembarcado del avión, con un nivel básico de inglés, venía lo más difícil: conseguir un empleo bueno que le permitiera aspirar a cargos realmente rentables y que, de paso, le diera un lugar donde vivir bueno, bonito y barato, como dicen en su tierra.
“Inicialmente llegué a la casa de un amigo, donde me quedé 15 días porque el dueño de la casa me echó, pues se dio cuenta que yo estaba allá y me sacó. Menos mal ahí mismo conseguí un lugar donde vivir un mes, y luego otro, el mismo en donde estoy viviendo actualmente y donde me voy a quedar hasta el día que me vaya de Londres”.
Julián vive como suelen hacerlo muchos de los ciudadanos de Londres: en una casa de estilo victoriano que incluye varios apartamentos, uno de los cuales ocupa con un amigo que llegó hace un mes y con una pareja que lleva varios años viviendo en Londres. Esta es una situación por la que no sólo pasan los inmigrantes sino que es común entre los mismos ingleses, que prefieren compartir un apartamento por razones de economía. No es tan fácil llegar a ser propietario de un inmueble, debido a los altos costos por metro cuadrado, los impuestos y servicios que implican.
Sin embargo, esto no es lo realmente difícil de asimilar en este país. Tal vez, el sentimiento más compartido entre los colombianos es el de la familiaridad. Generalmente, las personas que salen de la Nación cafetera han aprendido a compartir con la familia y por lo general, no andan solos en el mundo.
En ese sentido, el cambio al llegar a Londres es algo complicado, pues aquí todo lo debe hacer uno mismo, sepa o no el idioma, y el caso de Julián no es la excepción ya que como él mismo afirma: “soy una persona muy familiar”.
“Afortunadamente, desde que he estado acá, no me ha ocurrido nada grave y con el trabajo que tengo ahora estoy muy feliz: hago deporte, conozco la verdadera cara de Londres y aprendo inglés. Tengo que decir que la gente es un poco alocada y divertida a la vez y que lo más importante es que estoy aquí para aprender el idioma, la cultura y porque no, a ser tolerante.
“¡Tengo tantas anécdotas que nunca olvidaré! En mi primera carrera unas españolas me dieron la propina con besos. Yo no sé, pero en este trabajo a uno le toman muchas fotos y creo que somos un atractivo turístico para la gente. Las propinas me las dan en besos y muchas veces las mujeres son hasta pesadas. No sé, debe ser sexy ver a un hombre cuyo trabajo es hacer ejercicio. Recuerdo también otro día que estaba trabajando sobre una calle que se llama Cambridge Circus y de repente vi a un grupo
de orientales sobre el techo de un baño. Eso me dejó atónito.
“En uno de los primeros días de mi trabajo con la bicicleta estaba con un amigo esperando pasajeros a las afueras de un teatro cuando se me subieron unos alemanes enormes.Yo no podía avanzar porque pesaban mucho. Como ellos estaban un poco tomados, empezaron a decir que marchara más rápido y al final uno de ellos me dijo que él era futbolista y que por esa razón, tenía piernas más fuertes que yo. Me cogió por la espalda y me sacó de la bicicleta. Estaba muy asustado y no me despegué del todo de la bicicleta porque el individuo estaba borracho y no calculaba que la parte de atrás era mucho más ancha y podía ocasionar un accidente.
“No sé por qué razón me dio por mirar hacia atrás y me di cuenta que iba a colisionar con un taxi por lo cual mi reacción fue la de sacar el pie y ponerlo entre la cicla y el carro, con el fin de que amortiguara el golpe. Así fue. Sin embargo el taxista se puso muy bravo y se bajó del carro para pelear, aunque al final
los muchachos me ayudaron a calmarlo. Los alemanes me dieron una buena propina al final de todo el trayecto. Sin embargo, el miedo fue impresionante.
“En este trabajo también suelen ocurrir situaciones inesperadas. Por ejemplo un día tuve la oportunidad de ver a Michael Jackson a unos pocos metros de mí, cuando él se encontraba viendo una obra de teatro y salía del recinto. Eso fue muy emocionante porque uno no se puede imaginar que va a ver por ahí en la calle a una persona así. También he visto en repetidas ocasiones a Rowan Atkinson (Mr. Bean) y colgué una foto con él en facebook.
“Otra situación curiosa que no se presenta diariamente es que por llevar clientes a shows de striptease, nos pagan una comisión. A mí me dijeron el día que empecé, que
estas carreras no se presentaban diariamente pero al segundo día de comenzar me salió un servicio de este tipo y me gané 10 libras por cada uno. Al otro día me salió otra carrera pero ya había averiguado que podía ganar más y saqué 75 libras por tres personas.
“Cabe destacar que más o menos el 70 por ciento de los que trabajan en esto son colombianos, lo que hace que el nivel de recursos que nos caracteriza sea totalmente
aprovechado a la hora de hacer parte de este negocio. Es más, hay varios colombianos dueños de estas ciclas que nosotros alquilamos. Entre todos nos tratamos de ayudar
aunque ahora está subiendo de forma impresionante el número de rickshaws. No sé si habrá un cupo limitado pero yo creo que vamos para una sobreoferta de este servicio.
“Yo tengo bien claro lo que vine a hacer y hasta el momento he llevado a cabo mis proyectos: he aprendido inglés, he trabajado y he ahorrado alguna plata para poder viajar, que es otro de mis deseos. Aunque tuve un inconveniente con la obtención de mi visa y no voy a poder ir por Europa, tengo mi plan B que es por ejemplo viajar a India o hacer un safari por África. Aún hay posibilidades para viajar pues me quedan cuatro meses acá y puedo ahorrar. Vivir en Londres es muy costoso pero con los trabajos que he realizado puedo pagar mis cosas básicas y ahorrar un poco de dinero extra. Por una parte, el “cleaner” me da para pagar la renta y el transporte y por otro lado la bicicleta me da para pagar comida, celular y ahorrar.
“Londres me ha gustado y ha llenado mis expectativas pero aún tengo cosas por terminar en Colombia, como mi carrera. En un futuro quisiera volver pero ya en otras condiciones y como profesional. Me gustaría realizar un master o un diplomado relacionado con mi profesión. Aquí acaba mi historia, nos vemos aquí en Londres, en Colombia o quién sabe si en la India.Un saludo".
Claudia Liliana Ruiz Suárez.